Historia

UN POCO DE HISTORIA

Algunos datos históricos de nuestro pueblo.

OLLEROS DE TERA.

Un topónimo milenario.
Olleros junto al Tera, lamiendo sus casas pasa presuroso el canal que riega la vega. Poco a poco desde que el canal despertó el pueblo ha ido acicalándose hasta convertirse en un pueblo moderno, nuevo, distinto, olvidándose del adobe y del tapial, pero recordando las calzadas y la cañada, las bodegas y las viñas del Agavanzal. Hacia levante, un día cruzó la calzada que desde Astúrica viajaba hasta Braga y más arriba de las eras de cuando en cuando se descubre la osamenta de su estructura entre cantos rodados y cal, llena de misterio y escondida para los no iniciados, camino del Muelo de Otero como meta cercana.
SUELOS JOVENES
El termino se extiende desde el Tera por el norte hasta el limite con Otero. Sus suelos diluviales ofrecen esa suave y dócil mezcolanza que los hace fácilmente laborables y junto al río frescos y fáciles a las labores. Por el sur limitan con los crestones silurianos que se elevan descaradamente en el Muelo de Otero, bajando en ladera suave, no sin salvar el desnivel en dos escalones hasta la misma llanura donde se asienta el pueblo. El Tera forma a la altura de Olleros un valle disimetrico, de pendiente más suave e extensa, la que citamos, margen derecha y más acusada y corta la de su margen izquierda, por donde corre la carretera general de los accesos a Galicia a partir de nacional sexta en Benavente. Cantos rodados con predominio de las cuarcitas, arenas, y el valle se estrecha y casi desaparece aguas arriba hacia la ermita del Agavanzal, a partir de la cual el río abre su valle y su vega.

En su termino municipal hay en el centenar largo de topónimos muestras de la evolución de la lengua, del origen de los primitivos asentamientos, de las características de los suelos y los cultivos, es una minihistoria clavada como un hito en medio de ese espacio vital.
OLLEROS DE TERA
Lo primero que encontramos es su topónimo Olleros procedente del latín <<olla>> y de uso general en todos los romances, y aunque indica para nosotros << uno que se ocupa en hacer ollas >> bueno es recordar que en portugués tiene la acepción de <<guisado>> y en catalán de << alfarero>>, en concreto acepción común que en castellano también aplicamos; un ollero es un alfarero que se dedica a hacer ollas. Su origen está por tanto en un establecimiento antiguo, de gentes que en la ribera derecha del Tera aprovecharon los materia prima de estos terrenos diluviales y se dedicaron a la alfarería, tradición conservada como sabemos en Junquera de Tera y más lejos hace tiempo en Abraveses donde los alfares romanos han sido descubiertos y estudiados. Olleros entra sin duda en ese espacio histórico conservado por tradición hasta épocas más modernas, acaso hasta la primera etapa repobladora del reino de León.
Del testimonio de Roma tenemos claramente delimitada la famosa calzada que desde Astúrica Augusta hasta Braga recogía la riqueza del Bierzo, y en este caso después de dejar atrás Petavonivm, la conocida Sansueña, cruzaba el Tera por Calzada y Calzadilla y cuyos restos del puente o pontón se ven en las claras del río y subiendo por el arroyo del valle, por donde ha pasado la cañada de ganados trepaba hacia la cara norte del Muelo de Otero, donde un campamento militar vigilaba celosamente la ruta del oro de las Médulas.
Olleros jugaría como Abraveses y toda la ruta del itinerario 17 un papel importante y cuando más tarde los primeros repobladores afincados a la sombra del los monasterios de Camarzana o de Sta Marta, de Sahagún o de Moreruela clavarán sus rejas junto al río, se encontrarían con restos importantes que descubrirían su pasado y alentarían su presente. Hoy el pago del barrero nos recuerda un pasado oscuro y lejano y camino del sur, entre las eras y las bodegas de cuando en cuando la calzada aflora como un testimonio y una tentación. La historia cuando es muy lejana suele aparecerse así.
Los Arrotos, un topónimo posiblemente moderno que sin duda responde a su significado primitivo << terrenos recién roturados >>, siempre aparece en los momentos de expansión del lugar cuando las tierras se desforestan y se roturan indiscriminadamente, en muchos casos ese topónimo va unido al de << adil >>, la finca cultivada que ha sido baldía y que más tarde vuelve a roturarse.
La Huerga, que generalmente se asigna a terrenos pantanosos, llenos de difícil aprovechamiento incluso para el ganado; también se designan terrenos improductivos por exceso de humedad, que viene a ser lo mismo. Aparecen en valles bajos o en las riberas del los ríos principalmente y en este caso nos sitúa en un espacio geográfico determinado.
Hay que recordar topónimos de origen vasco, con varios derivados de Urrieta u Orrieta, además de esos que significan fitopónimos como los Jarales, los Tomillares o el Urzal, donde el predominio de unos y otros arbustos ha dado nombre al lugar.
EL LUGAR.
Cuarcitas y canto rodado, adobe y tapial y casi desconocido, núcleo abigarrado y asentado en los mismo bordes del valle del río, sobre el borde de su primera terraza por la margen derecha del Tera, justamente por eso el canal corre a lo largo de ese primer escalón. La planta es tan ^^^^^^ como tantos otros y no hay una linea que defina una idea seguida a traves de los siglos, solo el borde del valle parece ha querido señalar el camino a seguir y desde este borde hacia el sur que es decir hacia arriba hacia los terrenos más sanos más seguros. Destaca la iglesia dedicada a S. Miguel, el barroco ha sido el siglo de sus últimos recuerdos; fue matriz de Calzadilla y tuvo un voto seglar de presentacion el curato de Olleros , sin duda procedía de la finca adquirida por el pueblo hace poco más de sesenta años y cuyo testimonio es la ermita de la Virgen de La Agavanzal.
El santuario de Agavanzal, completamente al oeste del pueblo y sobre el borde del rio, reponde posiblemente a los restos de un despoblado. El edificio tiene una cierta nobleza, buena construcción, a su alrededor está la casa de los ermitaños, formada por una serie de amplias construcciones que aseveran lo anterior, el lugar hoy rodeado por los restos de los viñedos y el rio con las compuertas del canal, es un lugar para descansar o soñar, unos de esos rincones que por miles se esconden y se desconocen por toda nuestra geografía. La fiesta con las loas es una vieja tradición que se repite a lo largo del valle del Tera y queda perdido por algunos lugares del Aliste. En su interior hay un bello retablo barroco sin policromar y al lado de la epístola de tamaño un poco menor que el normal, dos lienzos de los protectores en actitud orante, su heraldica y sus mantos de cabellos, alrededor, no en número elevado, pero sin duda restos de abundantes testimonios exvotos que demuestran la rica y viva devoción de la comarca a la Santísima Virgen del Agavanzal, por otra parte advocación curiosa que nos recuerda su aparicion en medio de unos de esos arbustos tan abundantes en algunas comarcas.



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